El molino y la cruz, Pieter Brueghel.
- 2 feb 2015
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Tras analizar el cuadro El molino y la cruz de Pieter Brueghel, incorporo la interpretación de la historia de uno de los caballeros de la guardia real.
[Éste se encuentra resaltado en la imágen]
Mi abuelo, el padre de mi padre, formaba parte de la guardia real y ahora yo, tras haber seguido sus pasos me encuentro encima de Jersy, mi noble caballo blanco, que tras haber trabajado muy duro durante 10 años para conseguir mi formación, a día de hoy me encuentro junto a mis compañeros (uniformados como yo, de túnica roja) tratando de poner orden en un día revuelto, al que le acompaña un cielo nubloso y unos cuervos revoloteando por encima de este paisaje.
Toda la población ancianos, mujeres y niños, artesanos y campesinos, se dirigen a una concentración iniciada por un llamamiento del rey, nosotros los guardias nos encargamos de conducirlos hacia ella, la población ha dejado de hacer sus actividades y están un poco enfurecidos, intentamos ordenar el caos que se está formando en la ciudad, cerca del molino que sobresale en los terrenos de las afueras, castigando también a los desobedientes que no quieren acudir, algunos se nos escapan, todo hay que decirlo, para evitarlo necesitamos refuerzos, pero cada vez somos menos. Mi mujer y mi hijo, se encuentran cerca del palacio del rey, ya que los familiares de la guardia real obtienen una serie de beneficios, pero la plantilla del rey se está reduciendo y puede que mañana nos toque estar en la misma situación que muchos de estos trabajadores. Hoy como cada mañana me he despedido de ellos, me he limpiado las botas, me he vestido y he preparado al caballo junto a los demás guardias, a estos los guardamos en unos establos a 100 metros de nuestras viviendas, cada uno de nosotros tenemos designado uno, con el cual hemos entrenado muy duro para llegar a ser lo que somos.
Hoy el día será largo, ya tengo ganas de volver a casa, pero primero he de atender a las órdenes del rey, pues le debo mi honor.





















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